El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX trascendió el formato de show musical para convertirse en una declaración cultural sin precedentes. Encabezado por Bad Bunny, primer artista latino solista en liderar este escenario y hacerlo cantando mayoritariamente en español, el evento transformó el mayor escaparate del entretenimiento estadounidense en una celebración abierta de la identidad latina.
Más que un concierto, fue una narrativa visual y sonora que puso en el centro la memoria, la pertenencia y el orgullo cultural, frente a una audiencia global de millones de personas.
Una puesta en escena que habló de pertenencia
Desde el primer minuto, el espectáculo dejó claro su propósito: mostrar lo latino sin traducciones ni concesiones. La apertura en una plantación de caña, con campesinos usando la pava jíbara, conectó con una vida rural cada vez más desplazada por la modernidad y la gentrificación.
Ese recorrido visual transitó de lo rural a lo urbano, integrando escenas cotidianas profundamente reconocibles para la diáspora latina:
- Carritos de comida callejera
- Personas jugando dominó
- Barberías y fruterías de barrio
- Reuniones familiares y vida comunitaria
Este tránsito no fue casual: representó la experiencia puertorriqueña dentro y fuera de la isla, ampliando el mensaje hacia la vivencia latina en Estados Unidos.
La casita: memoria, hogar y resistencia
Uno de los símbolos más potentes fue “La casita”, recreación de una vivienda típica de concreto en Puerto Rico, ya presente en conciertos y en el imaginario visual de Bad Bunny.
¿Por qué es relevante?
- Representa un estilo de vida comunitario amenazado por la gentrificación
- Funciona como símbolo de origen, familia y permanencia
- Reivindica lo cotidiano como patrimonio cultural
En este espacio aparecieron figuras como Pedro Pascal, Karol G, Ricky Martin, Cardi B y Young Miko, reforzando la idea de comunidad latina diversa, intergeneracional y transnacional.
Lengua, música y resistencia cultural
Uno de los gestos más contundentes del medio tiempo fue lingüístico: cantar casi todo el repertorio en español en el evento televisivo más visto de Estados Unidos.
Un mensaje claro:
El español no es un idioma periférico, es parte estructural del tejido cultural del país.
Musicalmente, el show fue un mapa sonoro latinoamericano:
- Reguetón
- Salsa
- Plena
- Dembow
La aparición de Ricky Martin y los guiños a Daddy Yankee reforzaron una narrativa de continuidad histórica: la música latina no es una moda reciente, sino una influencia sostenida que ha moldeado el mainstream durante décadas.
Símbolos sociales y políticos en el escenario
El espectáculo también incorporó una dimensión crítica, integrando la protesta dentro de la celebración.
Elementos clave:
- Postes eléctricos fallando durante “El apagón”, referencia directa a la crisis de infraestructura tras el huracán María
- El número 64 en el jersey de Bad Bunny, interpretado como alusión histórica al Congreso que otorgó la ciudadanía estatutaria a Puerto Rico
- La bandera puertorriqueña con el triángulo azul claro, símbolo del apoyo a una Puerto Rico libre
Lejos de ser panfletarios, estos símbolos fueron integrados con sutileza narrativa, demostrando que la cultura popular también puede ser espacio de memoria y denuncia.
La diáspora latina como protagonista
Uno de los momentos más significativos fue la recreación de Nuevayol, corazón de la diáspora puertorriqueña en Estados Unidos. Fachadas de comercios de barrio sirvieron de escenario para rendir homenaje a quienes sostienen la identidad lejos del territorio.
El saludo a Toñita, histórica figura del Caribbean Social Club en Nueva York, reforzó el mensaje:
la cultura no solo se preserva en la isla, sino también en la migración.
Un cierre continental: lo latino como comunidad
El final del show reunió banderas de países de América, cerrando con un mensaje de inclusión, fraternidad y orgullo compartido.
No se trató solo de Puerto Rico, sino de una identidad latina ampliada, diversa y conectada por historias comunes de migración, resistencia y creatividad.
Un momento histórico para la cultura latina
Más allá del entretenimiento, el medio tiempo del Super Bowl LX evidenció el peso cultural de una comunidad que representa cerca del 20% de la población estadounidense y cuya influencia musical y simbólica llevaba décadas operando desde los márgenes.
Este show quedará como un hito:
lo latino dejó de ser invitado para convertirse en protagonista.
No solo se bailó reguetón en el escenario más visto del mundo.
Se contó una historia de orgullo, memoria e identidad, que resonó mucho más allá del deporte.
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